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Cubiertas ajardinadas

Una cubierta ajardinada bien diseñada mejora el confort interior, puede llegar a reducir cargas sobre la red de pluviales y aportar estética y valor en un entorno urbano.

Su desempeño no depende de una capa aislada, sino de un sistema coherente:

La impermeabilización resistente a raíces protege la estructura, los geotextiles separan y filtran, el drenaje y, cuando procede, la retención hídrica, gestiona el agua y el sustrato aporta fauna y flora.

El conjunto de estas capas reduce los picos térmicos sobre el edificio, mejora la acústica y prolonga la vida útil de la impermeabilización, al protegerla de radiación UV y de los cambios bruscos de temperatura.

Existen dos tipologías principales:

  • Las cubiertas extensivas: son ligeras, de bajo espesor y mantenimiento reducido. Emplean especies como sedum y herbáceas resistentes. 
  • Las cubiertas intensivas: incorporan mayor espesor de sustrato, permiten arbustos o pequeños árboles y admiten usos recreativos. Requieren una estructura dimensionada para más carga y un plan de mantenimiento más exigente.

El diseño debe partir del clima local: hay que analizar precipitación anual, horas de sol, viento y probabilidad de sequías o heladas. Con esos datos se define la vegetación y, si es necesario, el riego de apoyo. El drenaje debe evacuar el exceso con fiabilidad para evitar encharcamientos y sobrecargas. En resumen, la cubierta verde se dimensiona para retener el agua necesaria para la vida del vegetal.

En edificios de alta eficiencia —por ejemplo, los que buscan el estándar Passivhaus— la cubierta debe integrarse en una envolvente continua, sin puentes térmicos y con aislamiento bien calculado. La cubierta verde no consigue aislar completamente por sí sola el edificio, pero contribuye al rendimiento: aporta inercia, atenúa cargas térmicas, y protege la membrana de impermeabilización, lo que reduce patologías y alarga el ciclo de vida.

Durante la ejecución, es importante prestar atención a remates, petos y sumideros ya que la impermeabilización permanecerá gran parte del tiempo bajo la acción del agua y humedad. El mantenimiento es vital, especialmente tras otoño y primavera, y después de temporales. Hay que mantener limpios los sumideros, retirar sedimentos y residuos, y controlar la vegetación espontánea no deseada.

Un diseño profesional debe garantizar la compatibilidad entre todos los componentes del sistema. AIFIM recomienda soluciones integradas que resuelven impermeabilización, drenaje o retención, sustrato y vegetación de forma coordinada para asegurar: durabilidad, resistencia a raíces, evacuación eficaz y estabilidad.

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