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El papel clave de la impermeabilización en la circularidad del parque edificado

La economía circular suele asociarse al reciclaje de materiales y a la gestión de residuos al final de la vida útil de los productos. Sin embargo, el principal objetivo de la circularidad es conservar el valor de los recursos, los edificios y las infraestructuras durante el mayor tiempo posible, evitando su degradación a lo largo del tiempo y, en consecuencia, su valor.

En este sentido, el informe Circularity Gap Report-The Value Gap pone cifras a esta realidad: hasta un 19% del valor económico potencial se pierde cada año como consecuencia de actuaciones que priorizan el corto plazo frente a la durabilidad. En el sector de la construcción, esta conclusión adquiere una especial incertidumbre, ya que los edificios son “contenedores” de materiales, energía y activos de inversión a lo largo de décadas.

Una parte muy significativa de ese valor, dice el informe, se destruye cuando los edificios se deterioran antes de tiempo, cuando se ven obligados a rehabilitaciones o reformas frecuentes o cuando se procede a su demolición sin haber completado su vida útil real. No se trata únicamente de un impacto ambiental derivado del consumo de nuevos recursos y de la generación de residuos, sino también de una pérdida económica directa.

Ante este escenario, la impermeabilización desempeña un papel clave, aunque con frecuencia pase desapercibido por ser un material a veces “oculto”. La humedad y el agua son una de las principales causas de degradación prematura de los edificios. Filtraciones, condensaciones y patologías asociadas no solo afectan al confort y a la salud de los ocupantes, sino que comprometen la integridad de las estructuras, aceleran el envejecimiento de los materiales y obligan a intervenciones costosas y reiteradas en el tiempo.

En AIFIm, la Asociación Ibérica de Fabricantes de Impermeabilización, trabajamos desde hace años para incorporar criterios de circularidad en toda la cadena de valor de los productos de los asociados, desde la fabricación hasta el final de su vida útil. Esto implica, por ejemplo, incrementar el uso de materia prima reciclada en la producción, así como recuperar y reciclar sistemas una vez que estos ya no cumplen su función en obra. Y con ello conseguimos una reducción de la huella ambiental a lo largo del ciclo de vida de los edificios, la disminución de la dependencia de recursos materiales en origen y la innovación en procesos constructivos.

Las soluciones de impermeabilización son, por tanto, un elemento esencial para la conservación del activo. Una impermeabilización bien diseñada y ejecutada protege la estructura y los materiales, evita la aparición de patologías, reduce la necesidad de reparaciones recurrentes y contribuye de forma directa a alargar la vida útil real de los edificios.

Desde una perspectiva económica, la impermeabilización debe entenderse como una inversión a largo plazo. Apostar por sistemas duraderos, de calidad, instalados y mantenidos de manera correcta permite reducir los costes del ciclo de vida del edificio, minimizar intervenciones futuras y aumentar la resiliencia del parque construido frente a fenómenos cada vez más frecuentes, como las tormentas, las danas o los episodios de calor extremo asociados al cambio climático.

La circularidad, por tanto, no es solo una cuestión ambiental, sino también una estrategia de eficiencia económica. Desde AIFIm, queremos poner en valor el papel de nuestros asociados como aliados estratégicos de una construcción más circular, eficiente, sostenible y duradera. El desarrollo de soluciones adaptables al entorno contribuye de forma decisiva a cerrar la brecha de valor identificada por el informe y a avanzar hacia un modelo constructivo más responsable.

Y es que, la economía circular en la impermeabilización no sólo implica mejores materiales o procesos productivos más sostenibles, sino también una cultura que valore la eficiencia, la durabilidad y la recuperación de materiales. Este enfoque se traduce en acciones concretas que AIFIm y sus asociados impulsan, como el desarrollo de productos con mayor contenido reciclado y reciclables al final de su vida útil; la incorporación de las Declaraciones Ambientales de Producto (DAP), que ayudan a comparar y elegir sistemas más circulares desde la fase de diseño; y la promoción de prácticas de construcción sostenible alineadas con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).


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