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¿Qué soluciones existen para impedir la penetración del radón en las viviendas?

El Instituto de Ciencias de la Construcción Eduardo Torroja (IETcc) ha editado, bajo la supervisión del Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana (MITMA), la Guía de Rehabilitación frente al gas radón.

Este manual pro­porciona los conceptos que apoyan el adecuado diagnóstico de la situación de la penetración de este gas radiactivo y cancerígeno en las viviendas, lo que hacen de ella una herramienta fundamental para los proyectistas ante el reto de diseñar soluciones de protección frente al radón. 

Pero, además, es una fuente de información para los usuarios de edificios afectados, para que conozcan de forma aproximada el alcance de las soluciones posibles, así como las distintas vías de entrada del radón en el edificio y la influencia que puede llegar a tener el comportamiento de los propios usuarios en la concen­tración de este gas.

Con idea de apoyar las medidas frente al radón, las empresas asociadas a AIFIm quieren poner a disposición la experiencia y el conocimiento de sus técnicos expertos en el diseño de soluciones de protección frente al radón de los edificios.

En este sentido, la barrera anti-radón, elemento continuo que cubre todos los cerramientos en contacto con el terreno, es una de las maneras más efectivas para combatir la presencia de este gas en las viviendas. Esta barrera física, en forma de membrana aislante, impide la penetración y concentración del gas.

Para intervenciones en edificios existentes, la guía propone la disposición de una barrera entre los locales habitables del edificio y el terreno que li­mite el paso de los gases provenientes del mismo como una de las soluciones de protección más adecuadas para edificios existentes con concentracio­nes de radón inferiores a 600 Bq/m3. 

Recordemos que una de las novedades más esperadas de la última revisión del Código Técnico de la Edificación (CTE) ha sido la nueva sección “Protección frente a la exposición al gas radón” incorporada al “Documento Básico de Salubridad” (DB-HS).

A través de este documento normativo, se incorpora la exigencia europea de adoptar medidas contra el radón, que surge por la desintegración de minerales radioactivos contenidos en rocas ígneas o metamórficas, como el granito o las pizarras, es decir, se ubica en la propia naturaleza.

Así, por primera vez el CTE establece el nivel de referencia nacional para las concentraciones de gas radón en recintos cerrados y se recogen las medidas reglamentarias para limitar la penetración de este gas en los edificios en función del municipio en que se localicen estos. Con ello, se limita la exposición de las personas al radón, reduciendo así los riesgos asociados a la misma.

Dónde se localiza el radón

En el interior de los edificios, el gas radón se presenta especialmente en zonas con suelos muy permeables, y se acumula en sótanos y bajos, de tal manera que los geólogos aconsejan aislar bien el suelo y sellar la casa, así como ventilar bien. El gas radón llega por el subsuelo a través de fisuras, tuberías, grietas, juntas o directamente a través del pavimento. Además, este gas, como cualquier otro, tiene la capacidad de penetrar a través de la mayor parte de materiales de construcción porosos, como el hormigón, ladrillos, etc.

Si el radón se inhala durante suficiente tiempo en cantidades altas (por encima de 300 becquerelios por metro cúbico Bq/m3) puede resultar cancerígeno. Es más, según la OMS, el radón es la segunda causa de cáncer de pulmón después del tabaco y fija los 100 Bq/m3 como el límite para tomar medidas preventivas.

Aunque todos los edificios contienen radón en concentraciones habitualmente bajas, existen zonas geográficas, como Madrid, en las que, debido a su geología, es más probable encontrar edificios con niveles elevados. La cartografía del potencial de radón en nuestro país, desarrollada por el Consejo de Seguridad Nuclear, categoriza las zonas del territorio estatal en función de sus niveles de radón y, en particular, identifica aquellas en las que un porcentaje significativo de los edificios residenciales presenta concentraciones superiores a 300 Bq/m3.

Prevenir el radón en las viviendas pasa por proteger el edificio de posibles injerencias de este gas, y la Guía del Instituto Eduardo Torroja es la primera aproximación teórica y práctica para conseguirlo.